CONEXIÓN ALEATORIA
Un experimento posthumano sobre la incomunicación
En un universo simbólico y absurdo, Conexión Aleatoria explora la desconexión humana en la era digital. Dos mujeres, atrapadas en patrones mecánicos, enfrentan el vacío y la frustración de un lenguaje que ya no conecta. En un entorno dominado por gestos vacíos y ecos digitales, la obra traduce la fragmentación del lenguaje y los vínculos en imágenes cargadas de significado, dejando al espectador frente al absurdo de una sociedad que ha reemplazado la conexión auténtica por simulacros tecnológicos.
RITUAL DE LENGUA MUERTA
Conexión Aleatoria es una performance inmersiva que examina cómo
la dependencia de los dispositivos móviles descompone el lenguaje y desarticula
las interacciones humanas. Mediante acciones físicas precisas, proyecciones
audiovisuales y una propuesta lumínica disruptiva, la obra crea un paisaje
escénico donde la inmediatez digital reemplaza la profundidad comunicativa,
exponiendo las fisuras emocionales de una sociedad hiperconectada.

Los celulares funcionan como ídolos, imanes, venenos. La repetición de la vuelta a los dispositivos como adicción a la compulsión. Los cuerpos están doblegados y deformados por su vínculo con lo digital.
La obra trabaja en la frontera entre la instalación, la performance y el teatro físico, con un fuerte anclaje en lo sensorial y visual. Mapping, visuales, sonidos glitch, código binario, distorsión de voces y objetos escenográficos constituyen un universo donde el cuerpo está colonizado por lo tecnológico, en una estética distópica que recuerda al cyberpunk, pero con un tono íntimo y emocional.
Se plantea una crítica al modo en que la tecnología interfiere con la experiencia de lo humano. Exponemos la degradación emocional: lo que antes era encuentro, ahora es scroll; lo que era voz, ahora es eco; lo que era contacto, ahora es estímulo repetido. Lo humano no desaparece, pero muta en formas fantasmales, repetitivas, frustradas.
La performance no se limita a denunciar la fragmentación digital, sino que instala una experiencia encarnada de la falla, el lenguaje (ya mediado, ya automatizado, ya vigilado) se convierte en un terreno de fricción corporal. Desde una mirada posthumanista y filosófica, la obra se presenta como un archivo de tensiones, entre sujeto y sistema, entre voz y código, entre presencia y data.
Aquí el espectador ya no es un testigo neutral. Es convocado como usuario, pero de forma desplazada. No participa para interactuar libremente, sino para sentir en carne propia la impotencia de la conexión.
¿Qué significa habitar un cuerpo que ya no es sujeto, sino interfaz?
Dramaturgia y actuación: Ofelia Grego y Florencia Moreno